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Salvador Sostres.
Queridos
funcionarios
América que nos salvó en Normandía y en Bosnia nos ha
salvado ahora, aunque sólo sea simbólicamente de los
funcionarios, y gracias a la charla que el líder del
mundo libre le dio a Zapatero el martes por la tarde,
ayer por la mañana anunciaba Zapatero que no sólo congelaba
el sueldo de los funcionarios sino que lo rebajaba un 5 por
ciento. Es poco, pero es algo.
El aparato del Estado, con todas sus ramificaciones, es
lo más siniestro, lo más opuesto a la libertad. Y por
supuesto, resulta un cáncer para la economía que no
sólo recorta sino que mata su crecimiento. Estamos rodeados
de funcionarios altos, medios y bajos, de burócratas, de
ministerios que no sirven para nada, de cargos de confianza
y de extraños personajes que todo lo tienen extraño menos
el sueldo que cobran, que lo pagamos nosotros. La cosa
pública es una plaga
Los americanos, pese a todas sus limitaciones y a todos sus
matices, y pese a que Obama es un pobre socialdemócrata, lo
entienden mejor que nadie.
Ayer Zapatero anunció que recortaba un 5 por ciento el
sueldo de los funcionarios. Algún día no tendrá más remedio
que rebajarlo hasta un 15 por ciento y reducir en no menos
de un 40 por ciento la plantilla de funcionarios que hoy hay
en España. Se acabó que paguen trabajadores por gandules,
se acabó es despilfarro. Alemania está harta de pagar y
ya no se siente culpable.
Que el colegio público deje paso a la escuela concertada y
no hace falta que los maestros sean funcionarios. Una medida
entre tantas.
Queridos funcionarios, vuestra hora ha llegado. Y no
inspirais ninguna lástima.
Estos funcionarios que cuando les ha convenido se han
llenado la boca de discursos solidarios y que han sido
incapaces, durante todo este tiempo de crisis, de tener un
solo gesto, un solo detalle de ternura con tanta gente que,
a diferencia de ellos, no tienen el trabajo asegurado y
lo han perdido. He visto a los funcionarios reclamar no se
cuantas cosas y quejarse por todo. Nunca les he visto siendo
generosos. Que este recorte -del que me alegro tanto- les
haga reflexionar un poco.
EL MUNDO. 13 MAY 2010.
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Queridos funcionarios:
¿qué tal una temporada sin comprar "El Mundo"?
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Los que tienen la
culpa. (Los funcionarios)
LUIS PÉREZ AGUADO
Es curioso lo que pasa en esta bendita tierra. Quien más
tiene que le digan es quién más tiene que hablar. Eso,
por lo menos, es lo que afirma el dicho popular, y ya
saben ustedes que el pueblo sencillo y campechano suele
acertar en sus predicciones porque es muy sabio.
Los que más prerrogativas tienen, los que gozan de más
ventajas y privilegios, los que tienen más y mejores
honorarios, son los que pregonan a los cuatro vientos
que se bajen los salarios de los currantes de a pie.
Lógicamente, para que puedan subir más sus beneficios.
Los que disfrutan de coche oficial son los que quieren
imponer a los más frágiles y canijos, lo que ellos no
hacen: Congelar el sueldo. El de los funcionarios, por
ejemplo. Porque, incapaces de dar salida a la crisis y
reducir el paro, hay que criminalizar a alguien. Pero
sus bolsillos, ni tocarlo. Más bien hay que incrementar
sus cuentas bancarias. Y para lograrlo no les importa
utilizar cualquier tipo de artimaña. Y eso que están al
servicio del pueblo. Eso dicen. Luego vienen dando
lecciones de austeridad.
Sigue siendo curioso que, también, una parte del pueblo
llano diga que sí, que los funcionarios, los pobrecitos,
que no dan golpe, paguen con la consecuencia de los
apuros y los malos momentos que pasa la sociedad.
Mientras el país nadaba en la opulencia nadie se acordó
de los perdedores del momento. Cuando no había forma de
encontrar a un fontanero que te viniera a casa a
enderezar las tuberías o a un carpintero para poner unas
tablas derechas; cuando el chico del vecino paseaba a su
novia en su flamante BMW, porque ganaba su buena pasta
en la obra de la esquina; cuando el más torpe de la
clase montaba una constructora; cuando los chicos
dejaban de estudiar porque ganaban en la hostelería, con
propinas incluidas, tres mil euros al mes, nadie se
acordaba de quién sudaba la gota gorda estudiando varios
años para tener una carrera y sacar unas oposiciones.
Ahora el que pudo y no quiso se pone negro porque el
funcionario tiene su sueldo “asegurado”. Ahora al que
pudo y no quiso estudiar se le revuelven las tripas
porque los maestros tienen sus meses de vacaciones.
Ahora el que nunca dio un palo al agua se “encochina”
cuando dirige su mirada y ve el chalet de su vecino que
es juez. Ahora…
Ahora resulta que la culpa la tienen los funcionarios.
No la tienen los altos ejecutivos de las empresas
públicas canarias con retribuciones superiores a la del
propio presidente del Gobierno (130.000 euros anuales,
por mencionar alguno). No la tienen los miembros del
Gobierno que proponen ampliar la edad de la jubilación,
cuando a ellos, simplemente, les bastó jurar sus cargos
para tener la pensión máxima. No la tienen los
avariciosos banqueros que fueron inflacionando el país.
No la tienen los miembros del primer partido de la
oposición, cuyo presidente gana más que el propio
presidente del Gobierno de la Nación. No la tiene la
joven Secretaria de Estado que con el sueldo de un año
podríamos cualquiera de nosotros hacernos un bonito
chalet con vistas al mar. No la tiene esa senadora, cuya
única valía es la de haberle caído en gracia a su jefe,
y asegurará su pensión con siete años que mantenga su
escaño en las Cortes Generales, mientras los demás
ciudadanos tendrán que romperse los cuernos cotizando
35. No la tienen esos parlamentarios, algunos de los
cuales no han trabajado en su vida, y pueden llegar con
dietas, asistencia a sesiones y otros beneficios, a
cobrar hasta 6.500 euros mensuales. No la tienen los
caraduras que dan lecciones de austeridad exigiendo a
sus oponentes políticos la reducción de cargos, pero no
se aplican el cuento a sí mismos, ni en los
ayuntamientos, cabildos o gobiernos en los que mandan
sus correligionarios. El Gobierno canario, por ejemplo,
tiene actualmente 119 altos cargos, 98 eventuales
(personal de confianza de los que 43 están adscritos a
la Presidencia), 19 sociedades mercantiles, 12
fundaciones públicas y dos entidades públicas
empresariales.
No tiene la culpa esa concejala, de su mismo partido,
que cree que su sagrada misión la ha traído a este mundo
para gastarse alegremente 6.800 euros de los
contribuyentes en un viaje a la capital del Reino.
No la tienen esos sabios, algunos de los cuales no han
alcanzado el bachiller, que en lugar de ponerse a
trabajar ellos, deciden que los enfermos y
convalecientes se incorporen a sus puestos de trabajo
para ofrecer al resto de los mortales un denigrante y
fatal servicio, ya que su mente estará más en el otro
que en este mundo, con lo que se malgastará el dinero de
los contribuyentes y repercutirá negativamente en las
arcas de la comunidad.
Es tan enorme la lista de despropósitos que es imposible
reseñar aquí lo que sucede a nuestro alrededor. Tampoco
entramos a valorar si sus sueldos están en relación a
sus responsabilidades. La cuestión es que “siempre” es
otro el que cargará con todas las culpas. Pero una cosa
es segura:
No tienen ellos la culpa. La culpa es del Cha-cha-cha.
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